Fernando Millán Romeral, O.Carm., Prior General,

Queridos hermanos y hermanas de la familia carmelita:

Un año más, nos acercamos a la fiesta de Nuestra Madre del Carmen y, con este motivo, quisiera dirigirme a todos vosotros para, en primer lugar, desearos una feliz fiesta y también para pediros que las novenas, las celebraciones, la liturgia y la oración de estos días nos ayuden a todos a revivir nuestro carisma y hacerlo más presente y más vivo en nuestros corazones. No cabe duda de que la dimensión mariana es uno de los elementos constitutivos de la espiritualidad carmelita. Aun viviéndolo con formas y expresiones distintas, según los diversos lugares del mundo y las diversas culturas, es algo que nos une, nos caracteriza, nos distingue y, en definitiva, nos llena de gozo. Por ello, como cada año, os presento la Novena que prepara el P. Joseph Hung Tran, O.Carm., basándose en textos de diversos carmelitas que amablemente colaboran con nuestra página Web.

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Este año quisiera mencionar brevemente cuatro temas que, en mayor o menor medida, nos afectan como Orden y como familia religiosa y que podemos tener en cuenta en nuestras celebraciones. En primer lugar, estamos celebrando el V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús. En toda la Orden ha habido diversas celebraciones, congresos, conferencias, publicaciones y todavía quedan algunos meses en los que hay programadas más actividades de diverso tipo. Santa Teresa es una figura señera de la historia del Carmelo y una de las cumbres de su espiritualidad. Mujer, escritora, caminante, mística… y tantos aspectos más, nos invitan a volver a sus textos y a su ejemplo y a encontrar en ellos claves (inspiración, ejemplo, creatividad) para nuestra vida actual como carmelitas.

En no pocas ocasiones, Teresa muestra en sus escritos su devoción a la Virgen. Ya de niña, en Ávila, se encomienda a la Virgen de la Caridad a la que pide que sea su madre. En el Carmelo, la Santa recibió las tradiciones espirituales y la honda devoción a la Virgen del Carmen, algo que la acompañaría durante toda su vida. Así, cuando comienza a escribir el Camino de perfección, Teresa indica con humildad: “Si algo hubiere bueno, sea para gloria y honor de Dios y servicio de su sacratísima Madre, Patrona y Señora nuestra, cuyo hábito yo tengo, aunque harto indigna de él” (Camino, Introducción). Y, al final de su recorrido fundacional, Teresa exclama con gozo: “nos alegramos de poder en algo servir a nuestra Madre y Señora y Patrona” (Fundaciones 29,23).

Son textos que nos emocionan y nos invitan también a nosotros a servir “a nuestra Madre y Señora y Patrona” que nos lleva al corazón del Evangelio y de la vida cristiana. Que la Santa desde el cielo nos ayude a vivir con gozo y autenticidad esa devoción y esa piedad mariana y carmelitana.

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En segundo lugar, es conveniente tener en cuenta que estamos celebrando el año dedicado en la Iglesia a la vida consagrada. Como sabéis, el Papa Francisco proclamó este año y nos invitó a los religiosos a vivirlo como un tiempo de gracia, de reflexión, de discernimiento, un tiempo, en definitiva, para renovar nuestra vida consagrada con gozo, generosidad y creatividad. En principio, puede parecer que este tema afecta solamente a los religiosos (frailes, monjas, religiosas de vida activa), pero, como ha señalado el Papa en varias ocasiones, la vida consagrada no vive para sí misma, sino para la Iglesia entera. Por ello, ahora que nos disponemos a honrar a María bajo la advocación entrañable del Carmelo, le pedimos a Ella que nos ayude a renovar la vida consagrada y a renovarnos a cada uno de nosotros; que nos ayude a poner nuestras vidas al servicio del Evangelio en comunión con toda la Iglesia.

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En tercer lugar, este año se celebran los 750 años de la muerte de San Simón Stock. Ciertamente, la figura de Simón Stock se encuentra envuelta en las sombras der la Edad Media, y los historiadores tienen en ella un buen material para estudiar y discutir. Pero, según la tradición y sin entrar en polémicas, Simón murió en Burdeos el 16 de mayo de 1265. Por ello, en este año recordaríamos los 750 años de su muerte. La figura de Simón Stock está inseparablemente unida a la tradición y a la piedad del escapulario del Carmen y, por ello, no estará de más recordar esta dimensión tan central de nuestro carisma que nos une a María, Madre y Hermana de los carmelitas. Ojalá que sepamos -como hizo Simón Stock- dirigirnos a María en nuestros momentos de tristeza y de desánimo, en nuestras angustias y decepciones, para que ella, primera maestra y primera discípula del Señor, nos ayude a caminar como discípulos y testigos de la Buena Noticia del Evangelio, especialmente junto a los más pobres y necesitados. El escapulario del Carmen, aun en su sencillez y humildad (o, quizás, precisamente por ello) sigue siendo un recordatorio de nuestro compromiso con los valores del Evangelio y una semilla de esperanza.

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Por último, quisiera también compartir con vosotros que el pasado 23 de mayo tuvo lugar en San Salvador la beatificación de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador, asesinado en marzo de 1980. El motivo de traer a Romero a colación es que, durante su ministerio episcopal, al menos en tres ocasiones, se refirió con palabras muy hermosas a la Virgen del Carmen y a las celebraciones del 16 de julio. Como sabéis Romero solía grabar sus homilías que eran emitidas por la radio para que llegasen al mayor número de gente. En la fiesta del Carmen de 1976, 1977 y 1978, el Arzobispo alaba esta devoción y pide que se convierta en una plataforma de evangelización y de liberación. Con un estilo pastoral que nos recuerda mucho al documento de Aparecida y también al Papa Francisco, Romero nos invita a descubrir la fuerza evangelizadora que late tras la piedad popular que -aunque en ocasiones deba ser purificada de ciertos riesgos como el sentimentalismo pasajero, el mero “exteriorismo” folclórico o la falta de compromiso en la vida- supone una riqueza enorme para toda la Iglesia. En esta piedad el pueblo sencillo encuentra en muchas ocasiones la forma de expresar las grandes verdades de la fe, así como su esperanza y su confianza en Dios a través de la Virgen María. Romero, quien llevaba siempre el escapulario al pecho, pide a la gente que lo lleve con todas las consecuencias, con autenticidad cristiana, con sana devoción y cariño filial por la Madre del Carmen.

Aunque no puedo detenerme en ello, me gustaría compartir dos frases de Romero que nos llenan de sano orgullo y nos invitan a seguir difundiendo denodadamente esta devoción tan popular, tan hermosa y tan rica espiritual y teológicamente: “No hay predicadora más atrayente que la Virgen del Carmen en medio de nuestro pueblo” [1977]. “Nuestro pueblo siente que María, bajo ese título del Carmen, es la gran misionera popular (…). Unamos pues nuestra reflexión a este cariño del pueblo, de la vida religiosa y sacerdotal a Nuestra Señora del Carmen” [1978]. Poco tiempo después, el Arzobispo era tiroteado mientras celebraba la eucaristía y caía muerto cerca de una imagen de la Virgen del Carmen en “el hospitalito”.

Pues que María, Nuestra Madre y Hermana, nos siga acompañando y guiando en este mundo complejo y fascinante en el que nos ha tocado vivir y nos ayude a llevar a todos la Buena Noticia de la salvación.

¡Felices Fiestas del Carmen y un fuerte abrazo!

Con afecto fraterno

Fernando Millán Romeral, O.Carm.
Prior General

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