Teresa de Ávila

“La oración vocal debe ir acompañada de la reflexión. Una oración en la que la persona no es consciente de a quién le está hablando, de lo que está pidiendo, o de quien es el que pide y a quien pide, no puede ser considerada oración –por mucho que mueva los labios.” (1,7) – –Santa Teresa de Ávila, from El Castillo Interior

La frase mejor conocida de Santa Teresa sobre la oración proviene de su libro: Camino de Perfección. En ella explica que “La oración es un intercambio personal entre amigos.” Pero, ¿qué es lo que ella entiende por “intercambio personal”? Una amplia respuesta se puede encontrar en otra frase suya acerca de la oración, “La oración vocal debe ir acompañada de la reflexión,” de su libro: Castillo Interior. En este explica a detalle lo que ella entiende por “intercambio personal.”

En un nivel básico, ella explica cómo la oración se encuentra ligada a la reflexión y viceversa. Si bien sabemos que la amistad se trata de pasar algún “tiempo de calidad” con los amigos o la familia, también sabemos que la amistad va más allá. En este sentido, tener un “tiempo de calidad” implica escuchar y entender lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. Cuando compartimos algún “tiempo de calidad” con nuestros amigos o familiares, a menudo nos resulta necesario detenernos a pensar respecto a lo que están diciendo y de cómo lo están diciendo, es decir, detenernos a reflexionar, es en este momento en el que conocemos más de ellos y ellos conocen más de nosotros. Nuestra amistad con Dios funciona de la misma manera. Sin reflexión, no hay amistad. Esto es a lo que Santa Teresa se refería cuando afirmaba “no puede ser considerada oración –por mucho que mueva los labios.”

En un nivel más profundo, esto nos lleva a reconocer la importancia del autoconocimiento en la oración. De hecho, este fuerte énfasis en el autoconocimiento es el sello distintivo de la espiritualidad Carmelita. Por supuesto, el autoconocimiento es un elemento que se encuentra presente en cualquier espiritualidad, pero en la espiritualidad Carmelita el énfasis realizado es particularmente fuerte. Santa Teresa fue más allá, al afirmar que “El camino del autoconocimiento nunca debe ser abandonado.” La persona que no es capaz de reflexionar es casi como un maniquí que sólo es capaz de mostrar su exterior porque su interior se encuentra vacío. Cuanto más nos conocemos, nos parecemos menos a los maniquíes (que viven para el show) y seremos más auténticos (viviendo los valores más profundos de la honestidad, la fidelidad, la bondad, y la verdad).

Por último, y quizás lo más importante, la frase de Santa Teresa respecto a la oración hace especial énfasis en que la oración debe ir dirigida a un destino. Si la amistad significa compartir y reflexionar, una profunda amistad implicaría un compartir y reflexionar más profundo, y así sucesivamente. Muchas veces hemos escuchado que una pareja de esposos que llevan casados mucho tiempo dicen, “hoy nos amamos mucho más que cuando nos casamos hace más de 50 años (60 o incluso 75).” Parece que no hay límite para expresar nuestro amor, como no lo hay para el amor de Dios. El único obstáculo que podemos enfrentar es el miedo, pero cuando más nos conocemos a nosotros mismos, menos será el impacto que este tendrá en nuestras vidas. Entonces, ¿a dónde nos conduce todo esto de la oración? Si realizamos la oración, tal y como Santa Teresa nos lo recomienda, podremos recibir el amor infinito de Dios, y lo más asombroso, es que podremos tener la capacidad de amarnos a nosotros mismos. Sí, la oración es asombrosa.

Hermano Lorenzo de la Resurrección

“La oración no significa necesariamente hablar con Dios, sino que más a menudo significa escucharlo a Él.” –Hermano Lorenzo de la Resurrección, La Práctica de la Presencia de Dios.

Para muchos de nosotros lo primero que nos viene a la cabeza cuando oímos la palabra “oración” es el “Padre Nuestro.” El Padre Nuestro fue la primera oración que fue dicha cuando fuimos bautizados, el Padre Nuestro fue la primero oración que memorizamos, y el Padre Nuestro bien podría ser la última oración que muchos de nosotros digamos antes de morir. El “Padre Nuestro” es una oración importante, cuando Jesús nos la entrega nos advierte “No hagan tanto alarde como los escribas y fariseos que piensan que a fuerza de rezos y discursos serán escuchados en el cielo” (Mateo 6:9). Esto puede ser lo que el Beato Lorenzo de la Resurrección también nos esté advirtiendo.

Dios nos habla con claridad pero tenemos un montón de problemas para escucharlo. En primer lugar nuestras mentes están llenas de un sinfín de consciencias que resulta difícil para cualquiera, incluso para Dios, abrirse paso a través del ruido. Pero nosotros podemos hacerlo aún más difícil para Dios. Aun cuando Dios habla con claridad (lo cual siempre hace), nosotros solemos escuchar de “forma selectiva” (por ejemplo, la negación) y nos auto-convencemos de que lo escuchado no iba dirigido a nosotros. Y cuando por fin aceptamos haber escuchado a la voz de Dios, ofrecemos un sinfín de razones para no hacer su voluntad. Por lo que debemos aprender a seguir estos pasos al momento de realizar nuestra oración: 1) reducir el ruido, 2) dejar de escuchar de “forma selectiva”, y 3) separar nuestros razonamientos de la voluntad de Dios.

Entonces, ¿cómo podemos escuchar Dios?

Una estrategia que podría ser útil es unir “tiempo” y “silencio”. El tiempo le permite a nuestro cerebro a tranquilizarse un poco, toma tiempo asimilar nuestros problemas y ver más allá de nuestras preocupaciones diarias. El silencio nos ayuda en este proceso, mediante la eliminación de las distracciones externas que nuestro cerebro tiende a amplificar más de la cuenta. Es entonces, cuando podemos concentrarnos y preguntar a Dios: “¿Qué has dicho?”, “¿Puedes repetirlo?” Dios siempre va a respondernos.

Teresita del Niño Jesús

“Para mí, la oración es un impulso del corazón, es una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, es un grito de reconocimiento y amor, que abarca tanto el juicio como la alegría.” –Santa Teresa de Lisieux, Historia de un alma

En esta frase, Santa Teresita nos ofrece una verdadera y profunda visión de la oración.

No obstante, también plantea algunas preguntas interesantes, como: “¿En dónde se encuentran los pensamientos en esta visión de oración? Cuando Santa Teresita ora, parece que no hay textos o palabras que alcancen. ¿Hay silencio en los pensamientos? ¿Debemos de tener en cuenta a los pensamientos?

Curiosamente, la autobiografía de Santa Teresita, Historia de un alma, es una extensa reflexión de sus relaciones interpersonales, especialmente de su relación con Dios. Una reflexión a la que Santa Teresa de Ávila, su mentor, pone mucho énfasis como parte importante de la oración. Entonces, ¿Por qué esta figura (de la reflexión) no aparece en la visión de la oración de Santa Teresita?

Para responder a esta pregunta tenemos que considerar su interés en el papel que las emociones tienen en la oración. En principio, todos los aspectos de la oración a los que Santa Teresita hace mención (“surge del corazón”, “una simple mirada al cielo”, o “abarcar tanto el juicio como la alegría”) son simples respuestas emocionales. Nuestras emociones son siempre reacciones a lo que nos está pasando en un determinado momento. Si alguien te felicita, te alegras. Si alguien te critica, te duele. Si alguien te amenaza, te asustas. Si alguien te molesta, te enojas, etc. Entonces, ¿A qué está reaccionando Santa Teresita en esta su visión (llena de emoción) de la oración?

En pocas palabras, Santa Teresita está reaccionando a Dios. Sin embargo, si ponemos atención Dios no es mencionado del todo en su visión, aunque se podría decir que aparece cuando Santa Teresita hace mención del “cielo” o del “amor”. Otro punto a tener en cuenta es que la palabra “Dios” es utilizada cada vez menos. Esto se debe a que al estar más cerca de Dios, más nos damos cuenta de que las ideas que teníamos sobre Él eran erróneas. Así que los místicos o místicas, como Santa Teresita, empiezan a sustituir la palabra “Dios” con otras. Por ejemplo, Santa Teresa de Ávila habla del “Gran Rey” o del “Amado”, mientras que San Juan de la Cruz hablará sobre el “Amado” e ira más allá cuando afirma que Dios es la “Nada”. Sin decirlo explícitamente, Santa Teresita está diciendo lo mismo.

Por último, Santa Teresita reconoce que Dios está en todo, así que todo nos lleva a la oración. Esto es fácil de decir cuando todo va bien, pero ¿qué pasa cuando las cosas van mal? Santa Teresita nos recuerda que podemos, que debemos, orar, porque la verdadera oración “abarca tanto el juicio como la alegría”.

Y así es como llegamos de vuelta a nuestra pregunta original: “¿A qué está reaccionando Santa Teresita?” Ahora, podremos decir que ella está simplemente reaccionando a ¡Teresita! Porque no es suficiente saber que Dios nos ama, tenemos que sentirlo. Los sentimientos son más profundos que los conocimientos. El corazón es más profundo que la mente. Santa Teresa de Ávila nos dice que el “Gran Rey” (Dios) se encuentra en el centro de nuestro corazón. Eso es lo que la visión de la oración de Santa Teresita nos está diciendo, es por eso que su forma de pensar es sorprendente, porque esta visión proviene directamente desde el centro de su corazón.

Isabel de la Trinidad

“¡Fuego Abrazador! ¡Espíritu de Amor! Desciende dentro de mí y reproduce en mí, por así decirlo, una nueva encarnación de la Palabra que yo pueda ser para Él otra humanidad en donde Él pueda renovar Su misterio.” – Santa Isabel de la Trinidad, La Oración a la Trinidad.

Greg Houck O’Carm afirma:

Cuando recién había ingresado con los Carmelitas, en un retiro con monjas Carmelitas Descalzas de claustro, yo estaba utilizando uno de sus breviarios, cuando una estampa con una frase de la Beata Isabel de la Trinidad impresa en ella se cayó. Yo me encontraba tan conmovido con aquella frase que decidí robarme aquella estampa. No hay problema, pensé. Sin embargo, no pude más y pronto confesé mi robo, las hermanas me permitieron quedarme con la estampa.

Aun cuando me encontraba conmovido, me pareció que era una oración curiosa. ¿Quién se cree Isabel para pedir ser “otra encarnación de la Palabra”? ¿Esto no está sólo reservado a Jesucristo? Es ahí donde me di cuenta, ¡Eso es! ¡Eso es! Eso es lo que Jesús nos invita a ser ¡el Cristo! Una gran parte de las Escrituras hablan al respecto, el pasaje de “la cabeza y los miembros” de 1 Corintios 12, “la vid y los sarmientos” de Juan 15, o “la piedra angular y las piedras vivas” de 1 Pedro 2. Del mismo modo, cuando empecé a leer a Santa Teresa de Ávila dije: “¡Esta mujer piensa que ella es el Cristo!”, y cuando empecé a leer a San Juan de la Cruz poco después también dije: “¡Este hombre piensa que es el Cristo!” Esta misma idea se ve en la idea de la Beata Isabel cuando pide ser “otra encarnación de la Palabra”.

El documento en donde se encuentran los fundamentos de la Orden del Carmen es la Regla de San Alberto de Jerusalén. Un hombre que debió ser profundamente sabio y santo, ya que fue a él al que los primeros ermitaños del Monte Carmelo acudieron con el de fin de pedirle una “Regla” o un “Camino de Vida.” En la Regla, San Alberto les indica a los primeros Carmelitas que deben permanecer en sus celdas siempre en oración, pero añade “a menos de que tengan otra cosa que hacer.” A lo largo de la Regla, cada vez que aparece una instrucción también aparece un “al menos que” que parece cancelarla. Lo que nos está diciendo es que la oración no debe ser el fin. Más bien, la oración debe guiarnos a alguna parte. Y ese lugar es Cristo. Seguir a Cristo es la única instrucción al que no se le da un “al menos que”.

La oración no debe ser el fin, sino que un medio para alcanzar un fin. San Alberto de Jerusalén lo sabía y la Beata Isabel de la Trinidad también. ¿Y dónde se encuentra ese fin? En, ¡Cristo! No sólo en tener una relación con Él, sino en dejarse transformar en Él –ser “otra encarnación de la Palabra.”

En la carta de San Pablo a los Efesios (3:17-24) se describe el significado de la oración para la Iglesia de Éfeso: “Que por medio de la fe, Cristo habite en sus corazones; que arraigados y cimentados en el amor, sean capaces de comprender con todos los santos, cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede todo conocimiento, para que sean llenos de toda plenitud de Dios. A Dios que es capaz de lograr mucho más de lo que pedimos o imaginamos siquiera, según el poder que actúa en nosotros, a Él sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amen.”

¿No es esto lo que Isabel nos estaba diciendo?

Tito Brandsma

“Los verdaderos estudiantes de la escuela Carmelita deben estar en un alto grado envueltos en sí mismos, para buscar y encontrar a Dios en lo más íntimo de sus almas.” –Beato Tito Brandsma, Apuntes Históricos del Misticismo Carmelita

Los Carmelitas tienen dos mártires, reconocidos por su santidad, durante el siglo XX –la Santa Edith Stein (o Santa Teresa Benedicta de la Cruz) y el Beato Tito Brandsma. Ambos fueron encarcelados y ejecutados por los nazis –Edith en Auschwitz y Tito en Dachau– y ambos escribieron sobre sus experiencias en los campos de concentración. Lo que es más sorprendente es cómo ambos, Edith y Tito, no solo mantuvieron un espíritu de paz y compasión hacia sus compañeros de prisión, sino también hacia sus guardias, que fueron unos criminales. ¿Cómo lo lograron?

Una vida de oración tiene siempre un destino. Santa Teresa de Jesús describe este destino en “El Castillo Interior” como un camino a través del castillo, San Juan de la Cruz lo describe como la “Subida del Monte Carmelo”. Este “camino de oración” nos conduce de una forma más profunda (Teresa) o más elevada (John) en nuestro interior. Desde ambas perspectivas –de profundidad en el castillo o de elevación en la montaña– la paz alcanzada es cada vez más el fruto de nuestro viaje.

Beato Tito, en sus Apuntes Históricos del Misticismo Carmelita reflexiona, “El Carmelo es una montaña de una elevada paz que se encuentra por encima de un mundo lleno de caos.” El mundo de Dachau era ciertamente un mundo de enorme caos.

En el capítulo cuatro de su carta a los Filipenses, san Pablo describe este estado de paz: “Regocíjense en el Señor siempre. Voy a decirlo una vez más: ¡Regocíjense! Que su bondad sea conocida por todos. El Señor está cerca. No se inquieten por nada, con oración y ruego, con acción de gracias, presenten sus peticiones a Dios. Entonces, la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús (4:4-7).”

Incluso en el entorno criminal de un campo de concentración nazi, Tito y Edith vivían en una tierra donde “la paz sobrepasaba todo entendimiento”, junto con “la bondad brindada a todos”, incluidos sus carceleros y verdugos. Es un lugar maravilloso para encontrar y para vivir ¡Oremos!

Juan de la Cruz

“Míos son los cielos y la tierra. Mías son las gentes, los justos, y los pecadores. Los ángeles son míos, y la Madre de Dios, y todas las cosas son mías, y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí. Entonces, ¿Qué es lo que pide y busca mi alma? Tuyo es todo esto, y todo es para ti. No te involucres a ti mismo en nada menos o prestes atención a las migajas que caen de la mesa del Padre. ¡Ve y regocíjate en su gloria! Escóndete en ella y regocíjate, y obtendrás las súplicas de tu corazón.” –San Juan de la Cruz, Dichos de Luz y Amor, 27

¿Cuántos de nosotros no hemos tenido la experiencia de perder una mascota querida? Un animal que ha sido una parte importante en nuestras vidas y que al morir nos afectada. En medio de nuestras lágrimas podríamos cuestionarnos a nosotros mismos “Pero si sólo se trataba de un perro o un gato, etc. ¿Por qué mi corazón se siente tan triste?”

Decimos “Pero si sólo se trataba de un perro”, debido a que vivimos en diferentes niveles. La vida de un perro es en su mayoría instintiva, con alguna capacidad de pensar y con cierta capacidad de mostrar emoción. En cambio, la vida de un ser humano es mucho menos instintiva, con mucha capacidad de pensar y una gran capacidad de amar. Nosotros amamos a nuestras mascotas con intensidad y ellos se limitan a responder a ese amor (amor vertical), esto debido a que vivimos en diferentes niveles –el de ser canino y el de ser humano.

Algo similar ocurre con nuestra relación con Dios. Dios nos ama intensamente y nosotros amamos a Dios de la misma manera, pero todavía vivimos en diferentes niveles –Dios en el plano divino, mientras que nosotros vivimos en el plano humano. Si bien, se trata de un amor vertical, ¡existe una gran diferencia! Nuestra relación con Dios puede comenzar vertical, pero estamos invitados y convertir esa relación en ¡horizontal!

Aunque podamos profesar un gran amor a los animales y a los seres humanos, este sigue siendo un amor vertical. Las relaciones humanas más fuertes ocurren con otros seres humanos (un amor horizontal “de humano a humano”). Dios, por su parte, también, desea un amor horizontal. Esa es la relación que existe entre el Padre y el Hijo. Una relación horizontal prefecta, que comparte la perfección en la plenitud del amor. Dios quiere que nuestro amor sea cada vez menos vertical y más horizontal. Para lograrlo, Dios nos está invitando a ser Dios, para que Dios pueda compartir completamente su amor conmigo en el mismo nivel.

Santa María Magdalena de Pazzi, mística Carmelita de Florencia, Italia, a finales de los1500 escribe en “Apocalipsis e Iluminaciones”, “Ya no existe un solo Dios, sino un millar de miles de dioses; un Dios en esencia y en Tres Personas a la vez, sino un millar de miles de dioses por participación, comunión y unión”. Esto es exactamente a lo que San Juan de la Cruz se refiere a su máxima 27 en los “Dichos de Luz y Amor”, se trata de mega-misticismo, al que todos estamos invitados a participar. No alcanzarían las palabras para comenzar siquiera a describirlo.

Nicolás de Narbonne

“Hagan de la oración su ocupación.” -Nicolás de Narbonne, Ignea Sagitta (La Flecha Flameante)

La oración es difícil.

Nicolás de Narbonne fue el Prior General de los Carmelitas poco después de su fundación en el Monte Carmelo cuando San Alberto de Jerusalén les entrego la “Regla” o “Fórmula de Vida” entorno al año 1200 para vivir una vida como ermitaños.

Con la pérdida de Tierra Santa poco después de la Cuarta Cruzada, los Carmelitas tuvieron que ir a Europa por lo que tuvieron que transformarse rápidamente de ermitaños a mendicantes (siguiendo el modelo de los Franciscanos y de los Dominicos). Fue cuando Nicolás de Narbonne escribió su documento titulado Ignea Sagitta como un llamado a regresar a la vida original de vivir como ermitaños centrados mayormente en la oración.

En ella, cuestiona a los Carmelitas si ahora se encuentran predicando en búsqueda de reconocimiento, si ahora se encuentran trabajando en las parroquias sólo por obtener atención. Y afirma que en la oración no hay reconocimientos, ni atenciones. Santa Teresa de Ávila, 300 años más tarde, haría un mismo llamado a los origines y a la oración en su “Camino de Perfección”, “Te abandoné, Señor, con el pretexto de servirte a ti.” Así es como el primer documento Carmelita escrito poco después de que San Alberto de Jerusalén entregara la Regla a los Carmelitas, fue un documento sobre lo difícil que la oración puede resultar.

Pero los escritores Carmelitas perseveraron en medio del estrés inicial. Santa Teresa dice en “El Castillo Interior” que las primeras mansiones son las más temibles y difíciles. Y en el “Camino de Perfección” que la oración puede ser comparada con riego de un jardín (Hay que tener en cuenta que el significado de “Carmelo” es “Jardín de Dios” y que la jardinería es una imagen que los autores Carmelitas utilizan a menudo) cuando dice: “Parece que el jardín puede ser regado de cuatro maneras: se puede obtener agua de un pozo, o por medio de una rueda de agua, o puede provenir de un río o arroyo, o esta puede ser proporcionada por una gran cantidad de lluvia.”

Las imágenes utilizadas por Santa Teresa para regar un jardín son una bella metáfora de cómo a través de la perseverancia, la oración se hace más fácil y fructífera.

En el primer ejemplo, obtener agua de un pozo, podemos extraer una pequeña cantidad de agua sólo después de realizar un enorme trabajo. Esto puede simbolizar nuestros primeros esfuerzos en la oración, en donde sentimos que se necesita un gran esfuerzo para ganar un poco de sustento.

Si bien una rueda de agua puede proporcionar más agua, aún se requiere del trabajo para llevar el agua de la rueda al jardín, de la misma manera nuestra podemos profundizar en nuestra oración a través de un esfuerzo constante.

Como el agua que fluye libre y alimenta la tierra irrigándola, una vez hayamos hecho el trabajo de excavación de zanjas de irrigación, nuestra oración se hace cada vez más profunda y fluida a través de nuestro compromiso profundo con ella.

Casi sin mayor esfuerzo, el agua finalmente se presenta en forma de lluvia. Esto es cuando Dios acaba de hacer el trabajo en nosotros, y todo lo que requiere de nosotros es que no hagamos nada más que beberla.

La oración es fácil.