Siempre es grato encontrarse con declaraciones del Papa Francisco que expresan de manera clara y concisa, temas de gran interés para toda la iglesia. Por ejemplo para referirse al ámbito familiar él señala:

“En su camino familiar, ustedes comparten tantos momentos inolvidables: las comidas, el descanso, las tareas de la casa, la diversión, la oración, las excursiones y peregrinaciones, la solidaridad con los necesitados… Sin embargo, si falta el amor, falta la alegría, y el amor auténtico nos lo da Jesús” . (Carta del Papa Francisco a las familias del mundo/ Vaticano /02-02-2014)

Como se puede apreciar, estas líneas expresan toda la riqueza de posibilidades que se manifiesta en nuestras familias, así como la importancia de la presencia de Cristo, alimentando nuestras relaciones, con amor auténtico que nos que hace vivir alegres.

Con el mismo entusiasmo y profundidad, en otro momento el Santo Padre se refiere a la vida consagrada en los siguientes términos:

“Las personas consagradas son un signo de Dios en diferentes entornos, levadura para el crecimiento de una sociedad más justa y fraterna y una profecía de compartir con los jóvenes y los pobres. Así entendido y vivido, nos aparece la vida consagrada como realmente es: ¡un regalo de Dios! Cada persona consagrada es un regalo para el pueblo de Dios. Hay tanta necesidad de estos testimonios, que fortalezcan y renueven el compromiso de difundir el Evangelio, la educación cristiana, la caridad hacia los más necesitados, de la oración contemplativa; el compromiso de formación humana y espiritual de los jóvenes, las familias; el compromiso con la justicia y la paz en la familia humana”. (Ángelus del Papa Francisco en la Jornada de la Vida Consagrada)

Es encomiable los esfuerzos y ánimo, que se pone de manifiesto en la labor pastoral, cuando se es religioso y sacerdote; sobre todo, cuando se sabe integrar bien, nuestra identidad como “signo de Dios” o “regalo de Dios” y nuestro quehacer: “hay tanta necesidad de estos testimonios”.

Sin embargo, puede haber una tentación muy grande tanto para la vida familiar- matrimonial como para la vida consagrada, Religiosa – sacerdotal, que puede ser dejarse llevar por el activismo, bajo el velo del cumplimiento de las responsabilidades y convertirnos en meros abastecedores de bienes para nuestras familias, o en Funcionarios para ofrecer los bienes espirituales de los feligreses. Dejando de lado, aspectos importantes, como la vida de oración, o el generar ambientes propicios para la vida fraterna, o el pasar tiempos juntos como familia; no alimentando nuestros vínculos  afectivos y deshumanizando nuestras relaciones.

Es posible que me digan:

Santo padre, yo quiero orar, pero tengo mucho trabajo. Tengo que cuidar a mis hijos; además están las tareas del hogar; estoy muy cansado incluso para dormir bien.

Y seguramente es así, pero si no oramos, no conoceremos la cosa más importante de todas: la voluntad de Dios sobre nosotros. Y a pesar de toda nuestra actividad y ajetreo, sin la oración, lograremos muy poco. (Papa Francisco/16-01-2015)

En estas circunstancias, siempre Dios misericordioso se nos revela en Jesucristo, como aquel que nos convoca a ser sus discípulos para estar con él y enviarnos para una misión (Mc 3, 13-15). En  razón de esto, me dio gusto reunirnos con los hermanos Carmelitas, en nuestro segundo encuentro, el 13 de mayo, fiesta de la Virgen, para celebrar nuestra fraternidad, orar juntos, proyectar y dar sentido en Dios, a lo que hacemos; en esta oportunidad con los temas de la promoción Vocacional y los medios de Comunicación virtual.  Pudimos pasar un momento realmente agradable.

No podemos hermanos y hermanas, perder la perspectiva. Dios siempre nos estará llamando a vivir situaciones significativas, con las personas con las cuales compartimos la vida.