Ruth Burrows, una Hermana Carmelita de Inglaterra, es experta en la oración Contemplativa practicada por las Carmelitas. Ella dice que la oración de este tipo no es algo que uno “hace”, sino es algo que uno “tiene”, osea una relación interpersonal con Dios. Esta relación es amorosa y perdura en todo momento aun cuando uno no está consciente de ella – como la relación amorosa entre amigos y amigas en una amistad o como la relación amorosa entre los esposos en el matrimonio. Así caminaba Santa Teresita en el Carmelo, envuelta en una relación amorosa con Dios en todo momento – como quien anda en la presencia de Dios en forma permanente, aunque no está siempre consciente de la presencia del otro.

En el caso de Santa Teresita esta relación amorosa tomó la forma de una relación Paternal – Maternal y filial. Ella se veía como una niña pequeña en brazos de un Dios Padre- Madre que la amaba de sobremanera – no un Dios ogro, exigente, juez y castigador, sino un Dios bondadoso, amoroso, cariñoso y misericordioso – lento a la cólera, pronto para perdonar.

Este amor divino era muy parecido al amor que ella recibía de infante en brazos de su nodriza y de sus madres adoptivas (Paulina y María), y súper parecido al amor que gozó en su vida engreída de parte de su querido papá (Él como Rey – ella la Princesa).

Este amor divino era algo que ella no podía merecer nunca – era totalmente gratuito e incondicional, y era algo que ella no podía perder tampoco (la parábola del hijo pródigo). Así es que comenzó a andar “libre” en la vida espiritual, ya no preocupada por su “progreso” en el camino de la Santidad. Sólo tenía que estar contenta con sus faltas, defectos, desperfectos y deficiencias – a pesar de ellas su Dios papi la seguía amando de sobremanera – El, su Rey, ella su Princesa amada como niña en brazos de su querido Papi. Puesto que ya no tenía que preocuparse de tratar de alcanzar una perfección no alcanzable, estaba libre para concentrar su atención en otros asuntos mucho más importantes.

He aquí el alcance de esta espiritualidad basada en la infancia, la relación filial con Dios papi – mamá, conocida hoy como la “Infancia Espiritual”. A primera vista es una espiritualidad azucarada y demasiado piadosa, pero la verdad es que es una espiritualidad muy dura y demasiado radical en sus implicancias.

Cuando uno se da cuenta de que es hijo o hija amado de Dios, y que los demás hijos e hijas de Dios son igualmente amados, entonces hay una sola familia en este mundo y Dios es su Padre – Madre. La voluntad de este Dios es que sus hijos e hijas se amen unos a otros, que haya unión de amor entre ellos, que vivan en paz, compartiendo de forma igual está linda creación que Él les ha regalado, que haya justicia igual para todos, que haya solidaridad y fraternidad entre ellos, que sean todos libres – como entona nuestro Himno Nacional.

En esta gran familia de Dios no hay fronteras, no hay diferencias entre raza, nación religión, y cultura en cuanto a superioridad o inferioridad. Todos somos iguales. No hay competencia entre el Perú y Chile o el Perú y Ecuador (salvo en fútbol). Como bien dice Gustavo Gutiérrez, Teólogo de Liberación, cuando uno se da cuenta que es amado de Dios en forma totalmente gratuita e incondicional. Uno responde tratando de construir fraternidad – la lógica consecuencia de la Infancia Espiritual practicada por Santa Teresita.

Santa Teresita es el modelo para todos nosotros Carmelitas. Claro, ella rezaba oraciones vocales y comunitarias como el Rosario y el Oficio Divino y participaba en la Eucaristía con las demás hermanas, y también en su celda practicaba la meditación en la Lectio Divina con el Evangelio, pero su oración principal no era algo que ella “hacia” sino algo que ella “era”: hija de Dios amada. Andaba en el convento en la presencia constante de este Dios, llevándolo en lo más profundo de su corazón, olvidándose de sí misma (ya no preocupada por su “progreso” en la vida espiritual). Su única preocupación fue el bienestar del otro; sus hermanas en la Comunidad, sus familiares, la Iglesia, los Sacerdotes, los Misioneros asignados a ella, la Patria (su héroe, Juana de Arco), criminales (Pranzini), estafadores (Leo Taxil – Diana Vaughan), el nuevo Carmelo que se estaba fundando en Hanoi, Vietnam, ateos, suicidas, enemigos, etc. – nadie estaba excluido del alcance de su oración continua y permanente. Por eso entró en el Carmelo; para rezar por todos los amados y amadas de Dios Padre-Madre. Esto es lo que llamamos la Infancia Espiritual: dejándonos amar por Dios Padre-Madre y respondiendo a ese amor – construyendo fraternidad y luchando por los valores del Reino de Dios en este mundo.

Esto es “Infancia Espiritual”. Lo que pasa ahora en los EE.UU. y en Corea del Norte entre Kim Jong y Donald Trump, los insultos mutuos, las amenazas de guerra nuclear, de aniquilación de otro país enemigo – todo esto es simplemente infantil, y, por no decirlo, extremadamente peligroso. También es anticristiano en todo sentido de la palabra. Si todos somos hijos e hijas de Dios amados, ¿Cómo podemos entretener la idea de bombardear y aniquilar a nuestros hermanos y hermanas amados? ¡Es un ejemplo no más del alcance de la Infancia Espiritual!